PELIGRO SOCIAL…
BOGOTÁ
LA CRUDA REALIDAD DE LA INDIGENCIA EN
STELLA YINETH OSPINA MARTÍNEZ

Foto sacada de :
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Empieza un nuevo dia en esta ciudad de asfalto y hierro, y me doy a la tarea de encontrar una pequeña problemática que día a día viene consumiendo cómo enfermedad a nuestra ciudad, y que muchos de nuestros políticos, senadores y demás gente se han encargado de ocultar, tal vez porque es un pequeño sector que no cuenta con grupos, etnias, ni representaciones políticas, nuestros indigentes.
Son personas de carne y hueso; muchas veces preferimos ignorarlos sin saber que dentro de cada uno de ellos algún día existió felicidad, cariño, y que hoy en día, por el abandono, queremos cerrar los ojos o hacernos los ciegos, sin darnos cuenta que alguno de ellos tiene una historia que contar.
Es el caso de Luis Carlos, hijo de escritor sin éxito llamado, Camilo Jiménez, hoy en día indigente, ha sobrevivido veinte años a la dura realidad de la mendicidad. Sus ojos demuestran la dureza con lo que lo ha tratado la vida, su cabello sucio y pegado muestra hasta dónde ha llegado su dignidad, con maleta al hombro y unos pocos kilos de cartón con el que sobrevive día a día, este hombre se rebusca diariamente para su alimento y así mismo para lo que él mismo dice “sus bichas”.
Luis Carlos trabajó durante su juventud y gran parte de su vida, fue un hombre estudiado, se desempeño en metalmecánica y soldadura, trabajó en la empresa Intrométales, su especialización es hacer figuras, más conocidas como moldes, pero comenzó a vivir una triste realidad cuando decidió cambiar: su familia y, su casa, por alcohol y drogas, fue por estos motivos que su esposa e hijas lo abandonaron.
La historia de Luis Carlos, es como la de miles de personas que por falta de afecto, terminan en el mundo más bajo de nuestras vidas, el que poco a poco nos carcome y nos hace perder los valores, degradándonos, lentamente.
Cuenta Luis Carlos que con la misericordia de Dios ha llegado a sobrevivir tanto tiempo en la calle, muchas veces su vida corrió peligro, luchando contra la drogadicción o tal vez con los más temidos “jíbaros” que le dejaron de recuerdo más de siete puñaladas en su espalda.
Cuenta con tristeza los que algún día fueron sus amigos, Puntillita, El pollo, y otros más que nunca volvió a ver, no se sabe si fueron asesinados, o de pronto se alejaron del sector por amenazas hacia ellos.
Muchas veces, dice Luis Carlos con melancolía, “quisiera regresar el pasado y corregir los errores que un día cometí”, asegura que jamás ha matado, pero que sí vio muchas fosas y cuerpos en el más famoso de los antros de nuestra ciudad, el que fue llamado un día la Calle del Cartucho, dice: donde hoy en día estamos parados, yacen decenas de fosas comunes donde nunca serán encontradas o que el gobierno simplemente calló para no dar aviso de la impotencia que manejan ante este gran flagelo.
Hoy, con sus labios quemados y sus dedos infectados, tal vez por la suciedad, o la inmensa tristeza que expresa, cuenta que no tiene seguro social, y su estado de nutrición es pésimo; pues lo poco que gana lo juega en las máquinas que suele frecuentar. Según él a veces le saca el doble para sobrevivir, y asegura que algún día tuvo un “rancho”, pero por su estado de degradación lo perdió todo, no tiene ayuda de ningún tipo y menos cree en el Gobierno, ya que durante la alcaldía de Luis Eduardo Garzón, creyó tener alguna oportunidad de mejorar su calidad de vida, pero todo como siempre quedó en palabras.
Susurra en voz baja: “la única ayuda que recibimos del Estado es la de desparecer gran parte de los ’ñeros del parche’, por grupos de la muerte o de la famosa limpieza social”.
Hasta el día de hoy Luis Carlos siente gran felicidad, pues supo que una de sus hijas se graduó en licenciatura y que tal vez ella no tendrá que sufrir lo que hasta hoy ha vivido su padre. Con gran alegría, Luis Carlos se despide, tal vez con la humildad que mucha gente no hace, creyendo que algún día alguien contará su historia.
Entre el 2004 y el 2007, el porcentaje de población en pobreza cayó en un diez por ciento, de


Luis Carlos

